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Cómo cuidar a una perra embarazada: ¡esto es lo que necesita tu perrita!

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Una perrita embarazada necesita cuidados especiales

© Shutterstock

La espera de un nuevo cachorro, requiere de cuidados especiales para la perra embarazada. Si quieres saber los consejos básicos a seguir, sigue leyendo. 

Por Ismael G. Cabral

Publicado el 30/05/20 10:30

Tener un embarazo canino en casa

Lo mejor que puedes hacer si tienes una compañera de cuatro patas en casa es esterilizarla, por su salud y por el bien de la enorme cantidad de perros que, desgraciadamente, esperan un hogar en albergues de todo México.

Pero si por alguna razón has decidido que quieres tener cachorros o bien te has encontrado a una perrita en la calle embarazada, hay una serie de cuidados que deberías tomar en cuenta muy atentamente, pues no está bien informarse hasta que llegue el momento del parto perruno

Si la atención veterinaria es ya de por sí siempre importante, más aún si estamos esperando una camada.

Todo el proceso del embarazo debe ser vigilado y guiado por un especialista que pueda asesorarnos en todo cuanto pueda necesitar nuestra perra.

Cómo cuidar a una perra embarazada: la alimentación es clave

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Es un elemento fundamental, el régimen alimenticio y la dieta balanceada. Ahora bien, muchas personas cometen el error de aumentar las dosis de manera abrupta o, peor aún, de cambiar drásticamente su ración de croquetas.

Tampoco debemos incluir por nuestra cuenta ningún tipo de suplemento alimenticio o vitamínico, mucho menos en las primeras seis semanas de embarazo.

Si alteramos la alimentación esto puede afectar a los cachorros, provocándoles un desarrollo precoz que puede acabar afectando a las crías dificultando, e incluso poniendo en riesgo, el momento del parto.

En definitiva, debes saber que durante las dos primeras semanas nuestra amiga se alimentará de la misma forma en la que venía haciéndolo hasta ahora. 

¿Y la actividad física durante el embarazo del perro?

Será ella quien con su comportamiento vaya dándonos indicios de sus necesidades en este sentido.

En un principio no debemos aislarla ni alterarle sus rutinas; los paseos y los juegos pueden seguir formando parte de su vida siempre que el veterinario no nos indique lo contrario.

La cosa cambia alcanzada la tercera semana. Porque es a partir de entonces cuando la perra puede empezar a experimentar náuseas que le acarreen vómitos.

Esto traerá como consecuencia la pérdida de apetito, de ahí que sea tan importante la guía del especialista. Porque, evidentemente, no todos los embarazos son iguales.

Avanzando en el tiempo, entre el mes y medio y los dos meses, deberemos empezar a suministrarle una mayor cantidad de comida que ¡ojo!, dividiremos en un mayor número de porciones.

De esta forma ayudaremos al buen desarrollo físico de las crías y, a la vez, facilitaremos los procesos digestivos de la mamá.