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Alzheimer en gatos: cuáles son los síntomas

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Los gatos también pueden sufrir Alzheimer

© Shutterstock

El Alzheimer es una de las enfermedades que a los seres humanos más nos preocupa a la hora de envejecer, ya que se trata de una enfermedad degenerativa que conlleva la pérdida de habilidades y memoria.

Lo más terrible del Alzheimer, es que hace que las personas nos olvidemos de momentos, recuerdos y datos de hace tiempo o recientes, y por ende, que nos desvinculemos de la gente que está en esas memorias, convirtiendo a grandes amigos y familiares en completos desconocidos.

Sin embargo, es lógico pensar que si esta enfermedad nos afecta a nosotros, también existe la posibilidad que afecte a nuestras mascotas. En este caso, a los gatos. 

Por Paula Rodríguez

Alzheimer en gatos: ¿existe?

Hoy en día los gatos, gracias a la medicina veterinaria actual, consiguen vivir muchísimo más tiempo que antes. Tienen la capacidad de vivir muchos más años y eso se traduce en más tiempo de vejez para ellos. ¿Significa eso que los gatos podrían padecer Alzheimer? 

Pues bien: los gatos sufren los síntomas del Alzheimer pero no lo llamamos así, sino Síndrome de la Disfunción Cognitiva (SDC), también conocida como demencia. 

El SDC es tan grave como el Alzheimer. Estas son las funciones cognitivas que se ven más afectadas por la degeneración por edad y la propia enfermedad:

  • La percepción.
  • La consciencia.
  • El aprendizaje.
  • La memoria.

Síntomas del SDC en gatos

1. Fallos en la orientación

Cuando un gato pierde el sentido de la orientación en realidad se nota mucho. Si hay algo en lo que destacan es en saber orientarse en muchas situaciones y en circunstancias complicadas.   

En situaciones normales, es raro que un gato no sepa exactamente dónde está y a dónde se dirige. Excepto, obviamente, gatos con problemas neuronales como este. 

Cuando un gato pierde la orientación, normalmente se le nota más si parece estar confundido o perdido en un sitio habitual para él, como es tu propia casa. Puede quedarse pensativo mirando el pasillo o perderse por la casa en la que tantas vueltas ha dado. 

2. Se vuelve menos activo

Esto ya es algo que de por sí no debería preocuparnos de un gato viejecito, pero en el momento de empezar el SDC se acentúa mucho. Hay un cambio muy brusco. 

El gato pierde la curiosidad y las ganas de ver mundo, lo que lo hace menos receptivo a la gente, los sonidos e incluso disminuye su baño cotidiano (mejor entendido por nosotros como lamerse). Esto se nota mucho más en razas de gato activas como el gato esfinge.

Eso último no hay que confundirlo con el síntoma de que un gato sabe que está muriendo (cuando empiezan a cuidarse menos), hay que contextualizar todos los síntomas. Por ejemplo el siguiente...

3. Cambios en la vida social

Algo que no suele cambiar en toda la vida del gato es su interés por las relaciones sociales. Un gato será cariñoso tenga 1 mes o diez años. El gato que tenga demencia normalmente tendrá menos paciencia a la hora de interactuar y le costará más soportar nuestras caricias o incluso que nos acerquemos demasiado. Puede empezar a irritarse fácilmente.

Se puede mostrar evasivo e huidizo. Esto será un síntoma realmente notable si el gato antes no era así y, por ningún motivo aparente, ha empezado a “odiarnos”. Créeme que no has hecho nada malo. 

4. Duerme diferente

Algo en lo que también destaca mucho el SDC en gatos son los cambios en el ciclo de sueño y vigía. Normalmente, cuando un gato se ha acostumbrado a los horarios humanos, duerme toda la noche de corrido, con más razón si duerme contigo.

Pero en el caso de los gatos con SDC, notarás que tu minino se despierta a horas intempestivas como a las 5 de la madrugada, e incluso empezará a maullar o dar vueltas por toda la casa.

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5. Cambios de humor

Una cosa ayuda a la otra. A la vez que el gato duerme peor y menos, y tiene sueño de peor calidad, estamos hablando de un aumento significativo en su ansiedad general. Lo que lo volverá, como ya hemos dicho antes, más inestable y por tanto más irritable.

6. Fallos de cálculo en el baño

Un gato con problemas de coordinación, motricidad, fallos en la orientación y memoria obviamente tendrá problemas para ir al baño. 

Bien podría ser que no recuerde dónde estaba él su caja para hacer sus necesidades, o que no coordine bien su posición de defecación.

En definitiva, un gato que suele estar acostumbrado y bien enseñado a hacer sus necesidades donde toca normalmente no necesitará un segundo reentrenamiento nunca más. A menos que empiece a tener problemas nuevos como este. 

7. Otros fallos de memoria

Es incluso probable que un gato entrenado empiece a olvidar las costumbres y órdenes que le enseñas. Si ves que tu gato deja de obedecer de la noche a la mañana o tiene un acto de rebeldía también sospecha de esto.

Escrito por: Paula Rodriguez, graduada en Veterinaria y especializada en Medicina Tradicional China y Terapias Naturales.